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Traduzco mi pensamiento, palabra por
palabra.
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Primero pienso la frase y luego la digo.
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Intento decir lo que pienso de manera
aproximada.
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Me siento molesto porque parezco menos
inteligente que en mi propio idioma.
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Hablo lo menos posible porque me siento
ridículo.
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Hablar en euskara es como un juego en el
que interpreto un papel como si hiciera teatro.
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Más que hablar me gusta escuchar.
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Sé manifestar que he comprendido y
mantener el contacto conversacional con mi interlocutor.
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Suelo avisar de mis dificultades y
solicitar la colaboración de mi interlocutor.
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Tengo buena memoria auditiva y aprendo
de lo que dice mi interlocutor.
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Sé utilizar expresiones de toma de
contacto para que mi interlocutor mantenga el interés y me siga
escuchando.
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No me importa gestualizar cuando me
faltan palabras.
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Después de una pequeña conversación,
tomo nota de los aspectos que han sido eficaces y también de las
necesidades y de los nuevos entrenamientos o aprendizajes que éstas
implican.